Antes de dedicarme al maquillaje a tiempo completo pasé casi dos años como Responsable de experiencia al cliente en McDonald's, en un entorno con mucho volumen de gente y decisiones que había que tomar rápido. No es una experiencia de maquillaje, pero es una de las que más ha cambiado la forma en que trabajo con las personas.

Escuchar antes de proponer

Cuando un cliente llegaba con una queja o una incidencia, lo primero era escuchar qué había pasado realmente y entender qué necesitaba, antes de intentar resolver nada. Mantener una actitud tranquila incluso cuando la otra persona estaba molesta era parte del trabajo.

Esa misma secuencia —escuchar, entender, después proponer— es la que uso ahora en beauty. Una persona puede llegar con una idea poco definida, o insegura sobre qué le va a quedar bien; prefiero preguntar y explicar opciones antes de imponer una propuesta cerrada.

Explicar opciones sin perder de vista lo que la persona necesita

En atención al cliente también había una parte comercial: proponer productos según la necesidad de cada persona y ayudarla a decidir. Eso me enseñó a comunicar opciones con seguridad sin que se sintiera como una venta forzada.

En una sesión de maquillaje pasa algo parecido: puedo tener una idea clara de lo que funcionaría mejor, pero la decisión final es de la persona que tengo delante. Mi trabajo es explicar el porqué de cada opción y adaptarme cuando su preferencia es distinta a la mía.

Trabajar bajo presión sin perder la organización

En los momentos de más volumen tenía que atender a mucha gente en poco tiempo, priorizando necesidades y coordinándome constantemente con el resto del equipo sin descuidar el trato. Aprendí a distinguir qué era urgente, qué podía esperar y qué era imprescindible para que todo siguiera funcionando.

Ese criterio lo aplico también cuando un evento se retrasa, cuando hay varias personas esperando turno o cuando algo cambia a última hora: priorizar, comunicar con claridad y seguir trabajando sin bloquearme.

Qué me queda de esa experiencia

Trabajar bajo presión no significa simplemente trabajar más rápido, sino mantener la calma, escuchar, priorizar y comunicarme con claridad para encontrar la solución más adecuada. Es una forma de trabajar que quiero mantener en cada proyecto, sobre todo en los que el resultado depende tanto de la técnica como de que la persona se sienta escuchada y cómoda durante todo el proceso.

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