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Cómo preparo una peluca o un postizo para una función
Backstage · Por Paola Martín Avellaneda · 26 de agosto de 2026
En escena, una peluca o un postizo no tiene que funcionar únicamente en una fotografía. Tiene que estar preparado para una persona concreta, resistir movimiento, adaptarse al personaje y estar listo a una hora determinada. Mi experiencia en taller y backstage —sobre todo en Puy du Fou España— me ha enseñado a pensar cada pieza desde su preparación hasta el momento de salir a función.
Saber qué necesita la pieza
Antes de empezar necesito entender para qué personaje se utiliza, qué aspecto debe mantener y qué condiciones tendrá durante la función. Una misma pieza puede necesitar mantenimiento, lavado, marcado, peinado, reparación o simplemente preparación antes de colocarla.
Técnicas que uso según el personaje
El trabajo cambia mucho según lo que pida el personaje y la época. Trabajo ondas y marcados con acabados distintos, trenzas y combinaciones de trenzado, recogidos estructurados para escena, y montajes previos con rulos cuando necesito una forma o un volumen concreto.
En pelucas, la colocación y la fijación son la parte más delicada: tienen que adaptarse bien a la cabeza del intérprete y aguantar el movimiento de la función sin desplazarse. En postizos —barbas, bigotes, patillas— cuido especialmente el borde, porque es lo primero que delata una pieza mal integrada.
Preparación
El orden del material es importante porque en backstage muchas veces no existe margen para empezar a buscar herramientas en el último momento. Preparar con antelación permite trabajar con más precisión y reaccionar mejor si aparece una incidencia.
Una incidencia real
Una de las situaciones que más recuerdo fue la aparición de un intérprete con un corte de pelo moderno que no encajaba con la época del personaje, que llevaba peluca para mantener la coherencia histórica. Tuve que adaptar la preparación con rapidez para que el cambio no afectara al resultado en escena.
En otra ocasión hubo que rehacer un postizo justo antes de una función, sin apenas margen de tiempo. Reorganicé el trabajo, prioricé lo imprescindible y conseguí tenerlo listo dentro del tiempo disponible. Esas dos situaciones resumen bien lo que para mí significa "tener el trabajo preparado": no es no tener nunca un problema, es tener margen para resolverlo sin que se note en escena.
Después
El mantenimiento posterior es parte del proceso. Limpiar, organizar y dejar la pieza preparada reduce problemas para la siguiente función.
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