Letanía — maquillaje y caracterización FX para cortometraje de terror
Coordinación de equipo · Prótesis de látex, heridas y envejecimiento protésico
Caracterización y FX · Por Paola Martín Avellaneda · 26 de octubre de 2026
Un proyecto audiovisual, cuatro maquilladoras, prótesis de látex, heridas, sangre y muchas ganas de hacer un buen trabajo. Así fue mi experiencia en Letanía, un cortometraje de terror en el que tuve la oportunidad de trabajar en maquillaje y caracterización, además de coordinar al equipo.
Hay proyectos que llegan en el momento justo, cuando tienes muchas ganas de poner en práctica todo lo que has aprendido y demostrarte a ti misma hasta dónde puedes llegar. Para mí, Letanía ha sido uno de ellos.
El pasado 22 de julio de 2026 participé en el rodaje de este cortometraje de terror, una experiencia que me permitió trabajar en el ámbito audiovisual, desarrollar diferentes técnicas de maquillaje y caracterización y asumir un reto añadido: coordinar al equipo de maquillaje.
En este artículo quiero contaros cómo surgió la oportunidad, cómo organizamos el trabajo, qué técnicas utilizamos y qué me llevo de esta experiencia, tanto a nivel profesional como personal.
Porque, aunque el resultado final sea lo que llega a la pantalla, detrás de cada herida, cada personaje y cada detalle hay mucho trabajo que merece la pena enseñar.
Letanía es un cortometraje de terror benéfico con una duración estimada de entre 10 y 15 minutos, producido por la Fundación Cinco Palabras.
La historia transcurre durante una noche en una exclusiva urbanización situada en un entorno natural espectacular de la Comunidad de Madrid. Una serie de crímenes extraños e inquietantes pone en peligro al servicio de seguridad de la urbanización, desencadenando una noche en la que nada parece estar bajo control.
Una historia de estas características necesita que el maquillaje acompañe a la narración y ayude a construir visualmente lo que sucede. Las heridas, la sangre y el aspecto de los personajes no son simples elementos decorativos: forman parte de lo que el espectador ve y de cómo percibe la historia.
Y ahí es donde entramos nosotras.
Todo empezó el 6 de julio, cuando recibí un mensaje de un antiguo director con el que había trabajado anteriormente en un musical como bailarina y actriz. Después de terminar mis estudios, le había comentado que estaba abierta a nuevas oportunidades profesionales relacionadas con el maquillaje y la caracterización, y le pedí que, si conocía a alguien que necesitara una maquilladora, se acordara de mí. Y así fue.
Me contó que estaban buscando un equipo de maquillaje para un cortometraje, ya que las personas que iban a encargarse inicialmente del departamento habían tenido que dejar el proyecto. Me pasó la información y empecé a conocer un poco más sobre la propuesta.
Cuando leí el guion, me encontré con una historia que necesitaba bastante trabajo de maquillaje y efectos: varios personajes fallecidos, heridas de distinta naturaleza y una protagonista cuyo aspecto debía transformarse para encajar con lo que contaba la historia.
Me pareció una oportunidad estupenda, pero también tuve claro algo desde el principio: para sacar adelante todo el trabajo en condiciones, necesitaba un equipo. Así que contacté con dos antiguas compañeras de estudios con las que tenía confianza y sabía que podía trabajar bien. Ambas aceptaron participar, y finalmente se incorporó una cuarta maquilladora a través de la producción. Terminamos formando un equipo de cuatro personas.
Desde el primer momento me apetecía que fuese una experiencia colaborativa. Quería aportar mis conocimientos y mis ideas, pero también escuchar las propuestas de mis compañeras y aprovechar lo que cada una pudiera aportar al proyecto.
Al final, un trabajo de estas características no consiste solamente en saber maquillar: también hay que organizarse, comunicarse y aprender a trabajar en equipo.
Una vez formado el equipo, empezamos a trabajar sobre el guion para identificar las necesidades de maquillaje y caracterización.
Teníamos bastante libertad creativa, siempre dentro de las necesidades de la historia. Sabíamos que habría sangre, heridas y varios personajes que debían parecer fallecidos, así que empezamos a plantear cómo resolver cada caso de la manera más eficaz posible.
Para organizarnos, elaboramos una especie de storyboard de maquillaje en el que fuimos situando las heridas y anotando qué necesitábamos para cada escena. También solicitamos el storyboard de la producción, que nos ayudaba a entender qué se iba a ver realmente en cámara y qué nivel de detalle necesitábamos conseguir: no es lo mismo preparar una herida que va a aparecer en un primer plano que otra que apenas se verá en un plano general.
Este tipo de planificación es fundamental en el maquillaje audiovisual: hay que pensar tanto en el efecto que queremos conseguir como en la manera en que se va a grabar.
Una vez definidas las necesidades, nos centramos en preparar los materiales y organizar el presupuesto. Hablé con la dirección y la producción para concretar qué necesitábamos y elaboré una propuesta económica con los materiales de maquillaje y caracterización. La producción destinó presupuesto para adquirirlos, lo que nos permitió preparar el trabajo con los productos necesarios.
Con las necesidades claras, llegó el momento de ponernos manos a la obra.
Uno de los trabajos principales del cortometraje eran las heridas de degollamiento que debían llevar varios personajes. Para resolverlas, decidimos fabricar nuestras propias prótesis de látex: una solución que nos permitía trabajar con una forma definida, preparar las piezas con antelación y agilizar su aplicación durante el rodaje.
El proceso comenzó con el modelado. Trabajamos sobre una tabla utilizando Monster Clay de dureza media, una arcilla de modelado que nos permitió dar forma a las heridas. Para conseguir un resultado creíble, recurrimos a fotografías médicas de referencia: en el maquillaje de efectos especiales, observar lesiones reales es una parte importante del proceso, porque nos ayuda a entender su forma, su profundidad y cómo se comportan los tejidos, en lugar de inventar los detalles sin una referencia visual.
Cuando terminamos los modelados, preparamos los moldes negativos con escayola y después utilizamos látex para obtener las prótesis definitivas.
En total fabricamos cinco piezas. Nuestra previsión era utilizar tres, pero decidimos preparar dos adicionales por si alguna se dañaba durante la aplicación o necesitábamos sustituirla.
También prestamos especial atención a los bordes: cuanto más finos son, más fácil resulta integrarlos sobre la piel y disimular la transición entre la prótesis y el rostro o el cuello del intérprete.
Aunque eran prótesis relativamente sencillas por tratarse de piezas planas, el trabajo previo era importante. La idea era llegar al rodaje con las heridas preparadas y evitar tener que improvisar todo desde cero.
Las prótesis eran una parte importante del trabajo, pero no la única. También tuvimos que realizar otras lesiones, como arañazos, abrasiones, moratones y heridas que podíamos construir directamente sobre la piel durante el maquillaje.
Para algunos efectos utilizamos látex y papel, mientras que para recrear arañazos recurrimos a esponjas porosas impregnadas de sangre artificial. La elección de una técnica u otra dependía del resultado que buscábamos y de las características de cada lesión.
En cuanto al color, combinamos diferentes productos para dar profundidad y conseguir una integración más natural: maquillaje en crema, sombras para reforzar determinadas zonas y paletas de alcohol para trabajar los tonos.
También preparamos sangre artificial de distintas tonalidades y viscosidades. Puede parecer un detalle pequeño, pero no toda la sangre funciona igual en cámara ni sobre todos los materiales: necesitábamos productos que se comportaran de forma diferente según los utilizáramos sobre la piel o sobre el vestuario.
Durante la aplicación fuimos combinando esponjas y pinceles específicos para conseguir distintos acabados. Buscaba que las lesiones formasen parte del personaje, en lugar de parecer elementos colocados encima de la piel.
Y, por supuesto, el trabajo no terminaba cuando dábamos por finalizada una herida: en un rodaje, la continuidad también es importante. Si una escena requiere que una lesión conserve un aspecto determinado, hay que estar pendiente de que ese aspecto se mantenga entre planos. En definitiva, cada decisión debía responder a una necesidad concreta de la historia.
Otro de los grandes retos fue el envejecimiento de la protagonista. La intérprete tenía alrededor de 50 años y necesitábamos que aparentase unos 80. Para conseguirlo, decidí trabajar con látex, una técnica que ya había aprendido durante mi formación y que, en este caso, nos permitía lograr un resultado efectivo sin disparar el presupuesto.
Antes de empezar, busqué referencias de envejecimiento para tener claro qué rasgos quería potenciar y cómo conseguir que el resultado se integrara con el rostro de la actriz.
El procedimiento consistió en aplicar el látex sobre la piel mientras se mantenía la zona estirada. Una vez aplicado, lo secábamos con un secador en aire frío, ya que el aire caliente puede favorecer que el producto amarillee.
Fuimos trabajando las distintas zonas del rostro hasta construir el efecto de envejecimiento. Después utilizamos talco para eliminar el brillo del látex y paletas de alcohol para añadir manchas seniles y matices que ayudaran a integrar el resultado. A continuación, reforcé las sombras y determinados rasgos para dar mayor sensación de profundidad, marcar las ojeras y afinar visualmente el rostro.
Pero no se trataba únicamente de sumar arrugas. La caracterización tenía que acompañar al personaje y transmitir su estado dentro de la historia, así que trabajamos también una apariencia más deteriorada y un aspecto que ayudase a reflejar la pérdida de estabilidad y el desgaste psicológico que requería la interpretación.
La intención era que el envejecimiento no se percibiera como una máscara, sino como una transformación coherente con el personaje.
Para completar la transformación, tuvimos que trabajar la peluca y la ropa.
La peluca que teníamos disponible era sintética y demasiado lisa, así que la cardamos para darle volumen y conseguir un aspecto menos artificial. Después utilizamos talco para reducir el brillo y polvos de ambientación para darle un acabado más sucio y descuidado.
El vestuario también necesitaba contar algo sobre el personaje. Cortamos y rasgamos algunas prendas, especialmente la falda, y trabajamos las manchas y la suciedad con sangre artificial, polvos de ambientación e incluso una mascarilla de barro para conseguir una apariencia más envejecida y deteriorada.
Son detalles que, por separado, pueden parecer pequeños, pero que juntos ayudan a construir una imagen mucho más completa. Porque la caracterización no termina en el rostro: el pelo, la ropa y el aspecto general del personaje tienen que funcionar en conjunto.
Aunque cada una tenía sus tareas, el trabajo estuvo organizado para que pudiéramos ayudarnos y avanzar de la manera más eficiente posible.
Durante la preparación del rodaje, dos de nosotras nos centramos en el envejecimiento de la protagonista, mientras las otras dos se encargaron del maquillaje de cámara, controlando los brillos y trabajando los detalles necesarios para que los intérpretes estuvieran preparados para grabar.
Una vez resuelta esa parte, nos centramos en los personajes fallecidos y en la aplicación de las prótesis y las heridas. Como estas aplicaciones requerían más tiempo, era importante haber adelantado todo lo posible durante la preparación, para poder dedicar a cada personaje el tiempo que necesitaba sin perder de vista el ritmo del rodaje.
Además, quienes habíamos estado trabajando en el envejecimiento también nos encargamos de la peluca y de parte del vestuario de la protagonista. Cuando terminamos, nos incorporamos al resto del equipo para ayudar con los últimos maquillajes.
Además de participar directamente en los maquillajes, tuve la responsabilidad de coordinar al equipo. Para mí fue un honor, pero también una oportunidad para poner a prueba algo más que mis conocimientos técnicos: quería comprobar cómo me desenvolvía organizando el trabajo, comunicándome con la producción y ayudando a que todas pudiéramos avanzar en la misma dirección.
No quería que coordinar significase imponer mi criterio. Todas estábamos participando en un proyecto nuevo y teníamos cosas que aportar, así que me parecía importante escuchar las ideas de mis compañeras y valorar las distintas posibilidades.
Mi papel consistía, sobre todo, en servir de enlace entre la dirección, la producción y el equipo de maquillaje. Hablábamos sobre las necesidades de cada escena, proponíamos soluciones, trasladaba las ideas y dudas a dirección y producción y, después, compartía con mis compañeras las indicaciones y los cambios que fueran necesarios. También tomaba nota de las decisiones para mantener una organización clara.
A veces teníamos que ajustar una idea, buscar otra manera de resolver un efecto o adaptarnos a las necesidades de la producción. En esos momentos, la comunicación era fundamental.
Y si hay algo que me llevo de esta experiencia es precisamente eso: saber hacer un buen maquillaje es importante, pero saber comunicarte con el resto del equipo es igual de necesario.
En audiovisual, una idea puede estar muy clara en la cabeza de quien dirige, pero no siempre es fácil trasladarla con palabras. Como maquilladora, tienes que saber escuchar, interpretar lo que te están pidiendo y proponer soluciones que permitan llevar esa idea a la práctica.
También tienes que aceptar que no todas tus propuestas saldrán adelante. A veces una idea funciona, otras hay que modificarla y otras personas pueden ver algo que tú no habías tenido en cuenta. Mantener la mente abierta y saber recibir tanto las críticas constructivas como los comentarios positivos forma parte del trabajo.
En mi caso, tuve la suerte de contar con un equipo con el que fue muy fácil colaborar. Conocía previamente a dos de mis compañeras y, durante la preparación, también tuve la oportunidad de conocer a la cuarta. Nos entendimos muy bien, compartimos ideas y conseguimos trabajar de manera conjunta. Estoy muy agradecida por cómo salió todo y por la disposición que tuvo cada una para sacar adelante el proyecto.
La tarde del 22 de julio comenzamos a trabajar aproximadamente a las cinco en una sala de un centro cultural de Rivas-Vaciamadrid. Teníamos espacio suficiente para organizarnos, espejos, baños y distintas zonas de trabajo, algo que agradecimos especialmente teniendo en cuenta la cantidad de material que necesitábamos y los diferentes maquillajes que debíamos realizar.
Estuvimos trabajando allí hasta aproximadamente las nueve de la noche. Cuando terminamos los maquillajes principales, recogimos el material y nos trasladamos a la localización donde se iba a grabar el cortometraje: las inmediaciones del Cerro del Telégrafo, también en Rivas-Vaciamadrid.
Una vez allí, nuestro trabajo consistía también en estar pendientes de las necesidades que fueran surgiendo durante las escenas. Algunas heridas tenían que conservar su aspecto y otras necesitaban recuperar la apariencia de estar recién hechas, así que teníamos preparada sangre de diferentes tipos para trabajar tanto sobre la piel como sobre el vestuario. También preparamos mantas manchadas de sangre con las que se cubriría a los personajes fallecidos.
Permanecí ayudando con el maquillaje hasta aproximadamente las dos de la madrugada, mientras que el resto del equipo de producción continuó grabando hasta las seis de la mañana. Fueron horas de trabajo en las que había que estar pendiente de los detalles, adaptarse a los tiempos de grabación y resolver las pequeñas necesidades que iban apareciendo.
Una de las cosas que más me gusta de trabajar en caracterización es que no todo consiste en seguir un procedimiento de principio a fin. Muchas veces aparecen pequeños problemas que tienes que resolver con los recursos disponibles.
Durante los tiempos de espera entre pruebas de iluminación y ajustes de cámara, por ejemplo, aproveché para revisar el aspecto de la peluca de la protagonista. Como era sintética, reflejaba más luz de la que nos habría gustado, y no habíamos podido destinar el presupuesto a una peluca de pelo natural, así que necesitábamos trabajar con la que teníamos.
La solución fue utilizar talco para reducir el brillo y conseguir un acabado más natural. Como ya la habíamos cardado y trabajado con polvos de ambientación, conseguimos que encajara mucho mejor con el aspecto descuidado del personaje.
Es un ejemplo sencillo, pero representa bastante bien lo que supone este trabajo: conocer las técnicas, entender los materiales y saber adaptarte cuando las condiciones no son exactamente las ideales. No siempre tienes todos los recursos que te gustaría, pero sí puedes buscar la manera de sacarles el máximo partido.
Quería que esta experiencia no se quedara únicamente en el recuerdo del rodaje. Por eso también he preparado contenido centrado en el trabajo de maquillaje y caracterización que realizamos para Letanía.
En el making of se pueden ver distintos momentos del proceso: la preparación de las prótesis, el trabajo de envejecimiento y parte del equipo trabajando durante la jornada. También aparecen otras personas que participaron en el cortometraje, como parte de los equipos de dirección, iluminación, sonido y guion, además de intérpretes: cada departamento aporta una parte imprescindible para que el proyecto salga adelante.
En mi contenido he querido centrarme especialmente en nuestra parte del trabajo, para que podáis ver cómo se construyen algunos de los efectos y cómo se desarrolló la experiencia desde el punto de vista del maquillaje.
No se trata de mostrar el resultado completo del cortometraje, ya que la película todavía tiene pendiente su recorrido y quiero que podáis descubrirla cuando llegue el momento. La idea es enseñar una parte del proceso sin desvelar todo lo que se verá en pantalla. Podéis ver el making of completo en el álbum que acompaña este artículo.
Creo que es importante enseñar este tipo de contenido porque todavía hay personas que piensan que el maquillaje es simplemente pintar una cara o añadir sangre a una herida. Y, aunque el resultado final pueda parecer sencillo cuando lo ves en pantalla, detrás hay investigación, planificación, pruebas, conocimiento de los materiales y muchas decisiones técnicas.
El maquillaje y la caracterización permiten transformar lo que está escrito en un guion en algo que el espectador puede ver y sentir. No es lo mismo leer que un personaje tiene una herida que ver cómo esa lesión afecta a su aspecto; tampoco es lo mismo ver a un intérprete con su ropa habitual que verlo caracterizado para el papel que va a representar. Todo forma parte de una misma construcción visual.
Y en un cortometraje de terror, donde la imagen puede ser fundamental para transmitir inquietud y credibilidad, esos detalles pueden marcar una gran diferencia.
Participar en Letanía ha significado mucho para mí. Tenía muchas ganas de trabajar en el ámbito audiovisual y poder aplicar en un proyecto real todo lo que había aprendido durante mi formación, así que tener la oportunidad de participar en un cortometraje y, además, coordinar el departamento de maquillaje y caracterización ha sido una experiencia especialmente valiosa.
Me ha permitido poner a prueba mis conocimientos, enfrentarme a situaciones nuevas y comprobar cómo cambia el trabajo cuando tienes que organizarte con otras personas, responder a las necesidades de una producción y tomar decisiones en un entorno real.
También me ha servido para identificar aspectos que quiero seguir mejorando. Creo que esa es una de las partes más importantes de cada proyecto: aprender de lo que sale bien, reconocer lo que se puede hacer mejor y utilizar cada experiencia para seguir creciendo.
Y me quedo, sobre todo, con la satisfacción de haber podido sacar adelante el trabajo junto a mis compañeras. Tanto la dirección como la producción y el propio equipo nos trasladaron su agradecimiento y valoraron positivamente el resultado; también nos comentaron que habían disfrutado trabajando con nosotras y que contarían con nosotras para futuros proyectos. Para mí, recibir ese reconocimiento fue muy bonito, porque confirma que el esfuerzo, la comunicación y las ganas de hacer las cosas bien se notan.
No todo tiene que salir perfecto a la primera. Lo importante es tener la disposición de aprender, escuchar, adaptarse y seguir trabajando para mejorar.
Me gustaría seguir participando en proyectos audiovisuales de todo tipo, tanto de terror y efectos especiales como de maquillaje creativo, caracterización y otros trabajos en los que pueda aportar mis conocimientos y continuar desarrollándome profesionalmente.
El cortometraje tiene previsto presentarse al XXVI Festival de Cine de Rivas, en marzo de 2027, certamen para el que se ha concebido el proyecto. También existe la intención de presentarlo a otros festivales, aunque ese recorrido todavía está por concretar.
Por el momento, habrá que estar pendientes de las novedades sobre su presentación y estreno. Tengo muchas ganas de que llegue el momento de poder compartir el resultado final y que todo el trabajo realizado por los diferentes departamentos pueda verse en pantalla.
Estoy muy agradecida por haber formado parte de Letanía y por la confianza depositada en mí para participar en el departamento de maquillaje y caracterización y asumir su coordinación. Ha sido una oportunidad maravillosa para seguir aprendiendo, poner en práctica mis conocimientos y acercarme un poco más al tipo de proyectos en los que me gustaría continuar trabajando. Y, por supuesto, ¡me encantaría que este fuera solo uno de muchos!
Si tienes un cortometraje, una producción audiovisual, un proyecto de caracterización, una propuesta de efectos especiales o cualquier otra idea en la que necesites una maquilladora, estaré encantada de escucharte y valorar cómo podemos llevarla a cabo.
Me gusta trabajar en equipo, desarrollar ideas y buscar soluciones para convertir lo que imaginamos en algo real. Así que, si tienes un proyecto entre manos y crees que puedo encajar en él, puedes ponerte en contacto conmigo a través de mi web o de mis redes sociales. ¡Estaré encantada de que hablemos y de crear algo chulo juntos!
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